jueves, 17 de diciembre de 2015

Artículos, 5. Prólogo, V




ARTÍCULOS, 5

Por David Martínez Romero



Karl Marx




Prólogo


V



   Luego de tanto hablar en torno a Silicon Valley, me queda un regusto amargo, ciertamente poco agradable. No puedo eludir la sensación de haberlo hecho, mal que me pese, de modo superficial. Yo nunca he estado en California, ni en los Estados Unidos de América, bien que por pura casualidad: quizá muy pronto lo haga. El caso es que pertenezco a una generación que creció con un pie puesto en la España de los 60, o sea el siglo XIX, y el otro en la España de los 80, o sea el siglo XXI. Y eso que nos hemos perdido por el camino, es precisamente lo que ahora, desde el fondo del abismo de su ausencia, acucia. El que tenga oídos, oiga. Quisiera hacer un apunte meramente anecdótico, de un cierto cariz humorístico (y de nuevo tragicómicamente castizo): en 1985 se estrenaba en España la película Panorama para matar (A view to kill, John Glen), una entrega más en la saga de James Bond de la que no me cabe destacar más que la primera aparición que recuerdo de un actor bien interesante, Christopher Walken, y desde luego la anécdota que voy a mencionar. En la traducción para el doblaje de la película en España (qué espantosa manía; cuando se habla del mal dominio del inglés por parte de los españoles, habría que comenzar por este horror que supone el doblar las películas), Silicon Valley se tradujo por “Valle de la Silicona”, y a lo largo de todo el film, cada vez que los personajes nombran Silicon Valley se escucha decir en su vez: “Valle de la Silicona”, lo que tiene su gracia, sobre todo si se ve la película, ya no por la evidente metedura de pata, sino porque le da a uno por imaginar qué cosas se le ocurrirían al espectador medio español al escuchar estas palabras. ¿Valle de la Silicona? ¿Qué será eso? ¿Un lugar donde crecen las prótesis como por arte de magia? ¿El paraíso de la cirugía plástica? ¿Y por qué el malo de la película se quiere hacer con el control de la producción elaborada de silicona? Así sucedía que, mientras el guionista más despistado del Hollywood de la época sabía que en Silicon Valley se estaba cociendo algo importante (algo relacionado con una arena llamada silicio que tiene que ver con la fabricación de microchips, y desde luego también de silicona), los españoles no poseíamos la menor noticia del asunto: bastante teníamos con entrar a formar parte de la CEE y asimilar que en menos de un año seríamos miembro de la OTAN, uno de cuyos futuros secretarios generales se manifestara entonces en abierta oposición a la entrada de España en dicha organización esgrimiendo no una, sino 50 razones para decir no a la OTAN —Dios bendiga a la política y a los políticos y a la Razón de Estado. Precisamente Adolfo Suárez, presidente del gobierno de España entre 1976 y 1981, esa etapa que tan graciosamente se ha dado en llamar la transición política española del siglo XX —la Transición, para los amigos—, había eludido con inesperada e irritante convicción la participación de España en la política de bloques que se estilaba en la época, una época, una transición y un Adolfo Suárez que han quedado conmoviblemente retratados en el resultado de la novela fallida, y por eso mismo, en mi opinión, el mejor libro de la actualidad española: Anatomía de un instante, de Javier Cercas. Adolfo Suárez, ese otro político de esa otra España que iniciando la democracia no perteneció ni al Partido Popular, por más que unos se apunten los tantos, ni al Partido Socialista (y para colmo, Obrero Español), por más que otros se anoten la herencia. Pero qué sabíamos entonces nosotros los españoles de Valles de la Silicona… ¡perdón: del silicio! Y cabría preguntar: ¿qué sabemos ahora? Adolfo Suárez trató de incluir a España en la entonces denominada Conferencia de Países No Alineados, para que inmediatamente el primer gobierno socialista nos alinease de una vez por todas en el bloque capitalista, y seguramente con atinada fortuna para el crecimiento del país y abandono del subdesarrollo endémico que venía caracterizando a España desde el siglo XVII: analfabetismo, inmovilidad social, sector agrario tan masivo como primitivo, tejido industrial raquítico e instituciones financieras paleolíticas. Es innegable que todo esto ha cambiado, pero no podemos obviar que aún queda un subdesarrollo por superar: el espiritual, superación sin la cual vamos a seguir siempre a la zaga de acontecimientos que no dominamos y que en el fondo nos son ajenos, mientras el sentimiento de comunidad no logre imponerse como conditio sine qua non para el auténtico desarrollo de la democracia y, en definitiva, la práctica y el disfrute de la libertad que quizá algún día hayan de llevarse por delante a la democracia misma, al menos tal y como la venimos entendiendo, o ejerciendo, o dejando que nos la ejerzan. Por eso me detengo a mencionar nombres, asuntos y situaciones de marcado carácter histórico e incluso periodístico (el colmo del historicismo), para tratar de hallar accesos a problemas fundamentales que tienen su expresión en la aparentemente contingente inclusión de frases de políticos, decisiones gubernamentales, reflexiones raciocinantes, como diría Hegel traducido por Duque, sobre esto o aquello, que parecen desmerecer la continuidad expositiva de un texto pensante (si es que, en efecto, lo es); porque estas contingencias son solamente tales en comparación con la inmaculada universalidad de genéricas elaboraciones que, en buena medida, de aquéllas provienen y frente a aquéllas se completan. Para mí, como ya he dicho antes, lo más sencillo, porque me viene dado por mi propia constitución intelectual, es mantenerme en el pensamiento abstracto, intentando cuando tengo suerte elevarlo a especulativo, y con algo más de dificultad pero con idéntica fortuna poner en cuestión el pensamiento especulativo mismo. De este modo, trabajo desde hace años en mis libros de poesía (una poesía que aspiro a llamar pensante), y en el ensayo de ensayo que titulé al principio La experiencia del arte pero ahora llamo La larga espera, sin saber si conseguiré alguna vez terminarlo. Al menos voy, graciosamente, concluyendo poemarios, que por el momento publico en mi blog, observando con puntualidad que no son textos dirigidos al gran público. ¿Acaso éste lo es? ¡Y qué sé yo lo que es el «gran público»! No obstante, estoy decidido a relacionar, en la medida de mis capacidades, la evolución de mi pensamiento con los acontecimientos, sucesos y eventos en cuyo seno, o en cuya cercanía, o en referencia a los cuales, ha ido evolucionando ese pensamiento, un pensar que, en todo caso, es pensar el pensar, y solamente es eso.
    También muchos de los textos más relevantes de, por ejemplo, un Karl Marx, fueron escritos con una intención abiertamente polémica y sencillamente periodística. Entre los dos o tres lectores que aún tiene el hombre (al que sería un grave error considerar marxista, por paradójico que parezca), tengo entendido que sólo uno se ha leído todos los libros de El Capital, pese a tratarse de una obra clave para comprender el capitalismo no del siglo XIX, sino el nuestro, éste, el de aquí y ahora. Yo reconozco no haber leído esta obra completa, y aún más: que antes de hacerlo debiera leer la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel, aprovechando que sí estoy leyendo las Líneas fundamentales de filosofía del derecho de Hegel, sobre las cuales no tendré más remedio que detenerme más adelante, aquí, en estos artículos. Mas tratándose de obras que aún hoy se alcanza a citar, como por ejemplo El dieciocho brumario de Luis Bonaparte —cuyo comienzo se ha convertido en uno de esos lugares comunes a los que, por cierto, tampoco se puede considerar como muy frecuentados—, hay que recordar que se trata de escritos de carácter polémico destinados a publicaciones periódicas o panfletarias y, por consiguiente, insertos en su propia actualidad. Leamos este comienzo:


     Hegel observa en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal acontecen, por así decirlo, dos veces. Olvidó añadir que, una vez, como [gran] tragedia, y la otra, como [lamentable] farsa. [1]


    Esa parte alguna donde Hegel hizo su observación son las Lecciones sobre filosofía de la historia universal publicadas por sus alumnos póstumamente, al igual que las lecciones sobre estética citadas en nuestro inicio. No puedo dejar, por mi parte, de observar que en España todos los grandes hechos se repiten incesantemente como una especie de eco sempiterno, siempre a la vez y al mismo tiempo como tragedia y como farsa, vale decir: como esperpento. Volveré sobre esta idea. Ahora quería ejemplificar con otro texto de Marx, perteneciente a la misma obra, la relación de lo temporal con lo intemporal, quizá para no más justificar mis propias incursiones intempestivas en lo tempestivo, y por lo demás para animar a leer esos textos a los que tanto admiro y en cuya recogida lectura he disfrutado de tantas y tan gratas experiencias, quién sabe si esas mismas experiencias del tipo de las que generan sabiduría. El texto dice como sigue:


    El lenguaje honesto, hipócritamente moderado, virtuosamente tópico de la burguesía revela su más profundo sentido en boca del autócrata de la Sociedad del 10 de Diciembre y del héroe de las francachelas de St. Maur y Satory.[2]


    Muy bien, de acuerdo. ¿Quién es St. Maur y Satory? Pues parece que más que quién es dónde, y no una, sino dos regiones, la primera perteneciente a Versalles y la segunda a París. Y hasta aquí puedo leer mi veloz consulta en Google y Wikipedia. ¿Y la Sociedad del 10 de diciembre? Lo mismo podría ser un club de lectura que una asociación mafiosa, y más bien era esto que aquello. La respuesta a estas preguntas se encuentra en realidad en el propio texto de Marx, pero al rescatar esta cita y ofrecerla a quien no haya leído el texto, tanto da lo uno como lo otro, porque se trata de referencias temporales que sólo cobran valor en el desarrollo del propio texto. ¿Hace esto que nos resulte indiferente? Quizá. Pero más importante que esas preguntas es la primera frase respecto al lenguaje de la burguesía: honesto, hipócritamente moderado y virtuosamente tópico. Sé que hablar de burguesía hoy en día, y no digamos ya hablar de proletariado, se tiene por un parlotear anacrónico y socialistoide que nada dice y a nada bueno conduce, pero sucede que bajo la denominación inteligentísima de «clase media» lo que se esconde y oculta es nada menos que el viejo proletariado, y ya ni tan siquiera hay una palabra adecuada para referirse a la burguesía, y eso porque estamos todos, los unos y los otros, dramáticamente aburguesados. Y sobre las clases sociales y el problema de la movilidad entre ellas tengo la peligrosa intención de adentrarme próximamente. Entretanto, volvamos al hilo general conductor de estos artículos introductorios a más artículos que, mucho me temo, no dejarán de ser a la postre también introductorios, y ello en tanto no estemos en posesión de la codiciada cosa misma, no la cosa en sí, ni la Cosa de los Cuatro Fantásticos, sino la Cosa en litigio por reunión en su seno de aquello que, por excelencia, merece ser pensado, y porque lo merece, lo exige: lo reclama.








[1] Carl MARX, El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Ciencia Política, Alianza Editorial, Madrid, 2012, traducción, introducción y notas de Elisa Chuliá Rodrigo.

[2] Ibídem.









miércoles, 9 de diciembre de 2015

Entrevista a Alejandra Menassa (resumida)



Entrevista a

ALEJANDRA MENASSA

(Versión resumida)

Fotografía: Kike Carbajal
Texto: David Martínez Romero

Madrid, 8 de diciembre de 2015



Es cosa cada vez más rara el encontrar a personas capaces de aunar diferentes cualidades, intereses, ambiciones más allá de un ámbito profesional, de un sector académico, de un espacio vital. Pero, sin duda, Alejandra Menassa es una de ellas: médico, psicoanalista, escritora, poetisa, pintora y últimamente también actriz, Alejandra se encuentra en una posición privilegiada para reflexionar sobre la naturaleza de los procesos creativos, ella misma inmersa en buen número de los mismos, y ello me impulsó a pedirle que nos concediera esta entrevista, convencido de que la conversación resultante sería sumamente atractiva. Nos recibe en su gabinete psicoanalítico, un tanto envuelto en penumbra, y resguardada por los cuadros que penden en la paredes, obra de su propio padre, el también multidisciplinar psicoanalista Miguel Óscar Menassa, fundador del Grupo Cero, se dispone a que dé comienzo a la conversación. 
    
    —Me gustaría —propongo— que, en general, sea lo que sea de lo que hablemos, lo enfoquemos desde el punto de vista de los procesos creativos, la relación del hombre, de la mujer con la creatividad. No sé por qué, pero la primera pregunta que se me ocurre para hacerte es si psicoanálisis es lo mismo que terapia, si se influyen el uno a la otra, o son cosas simplemente distintas.
    Vamos a ver —me explica Alejandra—: el psicoanálisis es un pensamiento sobre el hombre, sobre la mujer, un pensamiento sobre la humanidad, sobre los procesos mentales, los procesos psíquicos, e incluye una posible terapia, es decir, desde ese pensamiento, desde ese cuerpo científico se desprende un método terapéutico, pero es mucho más que un método terapéutico. Yo creo que el surrealismo hubiera sido imposible sin el psicoanálisis, por ejemplo, porque el psicoanálisis incluye el concepto de que la creación es desde el pensamiento inconsciente, que no es una cosa de la conciencia. El procesamiento es inconsciente, y el que habla de eso es Freud, quien nos da, digamos, la lógica de lo inconsciente.




    Le pido que me explique el concepto de repetición en Freud.

    Significa que tendemos a repetir aquello de lo que hemos gozado: cualquier cosa que nos ha hecho gozar, en lo que hemos encontrado un goce, pues tendemos a repetirlo. Sea bueno o sea malo, quiero decir: el goce no es el placer, el goce puede ser algo que es muy nefasto para el sujeto. Pero tenemos una tendencia a la repetición de eso. Ese concepto está bastante extendido en la filosofía, no es solamente un concepto freudiano. Evidentemente, Freud no está fuera de la historia del pensamiento, hay muchísimas conexiones con otros pensadores. Freud decía que la poesía siempre predice la ciencia, que la poesía habla de algo, de un imaginario que luego la ciencia conceptualiza, pero la poesía ya ha predicho. Eso está en toda la obra de Freud, por eso es tan importante la creación, por eso te decía que el psicoanálisis es mucho más que una terapia. A nosotros se acerca mucha gente que lo quiere es aumentar su capacidad de creación. Lo que tú llamabas creatividad, que a mí no me gusta mucho llamarlo creatividad, me gusta más llamarlo creación, la poiesis, la poesía, como decía Platón. Porque creatividad… un creativo puede ser cualquiera, es un trabajo más organizado, pero la creación es otra cosa más difícil, es un dejarse llevar por lo inconsciente, es otra cosa.
    A mí me gusta hablar mucho hablar de «pensamiento creativo». ¿Crees que la creatividad — continúo preguntando— tenga relación con la curación y la sanación?
    Eso es interesante. Se han utilizado mucho las terapias de pintar para paliar la enfermedad, de poesía, de grupos de poesía, como tratamiento. Yo creo que es al revés, es decir, hay que estar muy sano para poder crear, es cosa muy compleja la creación, otra cosa es manchar un lienzo con… pero para crear realmente, para producir algo diferente con los mismo elementos de que disponemos todos los seres humanos (o bien las palabras o bien los colores que son significantes, o las notas musicales, pero que cada uno los va a combinar y va a producir una nueva creación), hay que estar muy sano. 
   Sólo una cosa más sobre Freud —insisto—, una de las frases que más he escuchado en mi vida es Freud ya está superado, procedente de gente que es patente que no lo han leído. ¿A qué crees que se debe este rechazo, qué pasa aquí?
    A ver: Freud tiene un texto precioso que se debería leer todo aquel que quiera responder a la pregunta de por qué hay tanto rechazo al psicoanálisis. Se llama: Una dificultad del psicoanálisis. Primero: que está superado Freud, vamos a ver, las ciencias son atemporales; ahora Aristóteles tiene una vigencia, Platón tiene una vigencia, Hegel tiene una vigencia, Heidegger tiene una vigencia, todos los autores tienen una vigencia, aunque las teorías se van complejizando y se van a aportando unas a otras, pero nada queda obsoleto, nada queda superado, y la idea de «superación»… es una mala lectura de Hegel, porque Hegel hablaba de “relevo”, no hablaba de superación, hablaba de que una figura releva a la siguiente.
    Pero cuál es la razón del rechazo.
    Sí —prosigue Alejandra—. Primero, Freud no está superado, porque cien años para una ciencia es absolutamente nada, no podemos medir el tiempo de la ciencia con el tiempo del humano, de la pequeña vida humana, de los pocos años que duramos en la Tierra; la matemática tiene cuatro mil años y nadie puede decir que la suma está obsoleta, o que está pasada o que está superada, es decir, la ciencia tiene otra temporalidad que no es la del sujeto. Y luego, a Freud se lo rechaza porque no es una ciencia que hable de la naturaleza, o más bien habla de la naturaleza humana, pues nos toca íntimamente, y el psicoanálisis nos cuestiona, es muy cuestionador, y es muy revolucionador del sujeto, o sea: no te deja nunca como estabas, te mueve los prejuicios…
    —¿O sea: incomoda?
    Exactamente, incomoda. Incomoda, además, con una cosa muy pusilánime a veces, por ejemplo, la introducción del concepto de sexualidad, sin la cual es imposible comprender algunos de los síntomas histéricos. Pues eso: la pusilanimidad de 1900 lo rechazaba, pero es que la actual también lo rechaza. Es decir, ahí sigue habiendo un rechazo a que la sexualidad tiene que ver con la vida de los sujetos y con lo que nos pasa, y no solamente con las relaciones genitales, la sexualidad es mucho más amplia, nos influye en todo lo que hacemos, en cualquier verbo que ejerzamos.
    ¿Cuántos ámbitos creativos tocas?
    A ver: yo escribo poesía, que fue lo primero que hice desde antes del psicoanálisis, antes de todo. Empecé a ir un taller de poesía como a los dieciocho años, me leí la obra de varios poetas… además yo soy un poco exagerada, muy apasionadamente, es decir, me encerraba con un poeta una semana y hasta que no había terminado toda la obra no pasaba al siguiente. Luego, unos años más tarde coordiné un taller de poesía, hasta los 21 o por ahí, y he estado toda la vida en relación con la poesía. Mi primer libro de poesía lo publiqué a los 21 años, tengo ya siete libros publicados, y ella fue el primer amor, por decirlo de alguna manera, y creo que lo poético está en todo. Después también he pintado, tengo varias exposiciones hechas en Madrid; he hecho cerámica, otros tipos de escritura, ensayo, tengo varios libros de medicina, de psicoanálisis, publicados, novela… tengo ahí un par escritas, pero no están publicadas y yo creo que no están para publicar, aún las tengo que trabajar. Y bueno, luego vino el cine también a nuestras vidas, de repente. Esto fue aproximadamente en el 2001. Creamos una pequeña productora, entre varios psicoanalistas: hemos hecho 25 cortos, hemos hecho cuatro largometrajes, y uno de los largos, que es La invitación del presidente, pues ya sabéis, está seleccionado a los Goya en varios rubros, y en uno de ellos como actriz principal estoy yo. 


   

    Le pido a Alejandra que me hable ahora de su formación académica.

    Yo soy médico internista, hice la residencia en el Hospital Doce de Octubre. Soy psicoanalista, estoy formada en la Escuela de Psicoanálisis de Grupo Cero, y sigo en formación, estoy dando clases en ella. Soy profesora del Seminario de Medicina Psicosomática hace mucho años, sigo trabajando de médico y ahora estoy haciendo un proyecto muy bonito con el que estoy muy emocionada e ilusionada: estoy trabajando en una clínica de medicina integrativa donde intentamos abordar las enfermedades aparentemente del cuerpo, tipo hipotiroidismo, enfermedades autoinmunes, lupus, cáncer incluso, de una manera global, incluyendo lo psíquico. Aquí estoy trabajando como médico internista y también como psicoanalista. Me parece un proyecto fascinante y queriendo publicar más cosas en él. Hemos publicado un libro que se llama Doctor, por qué no puedo adelgazar, que presentamos hace un mes y medio. Este libro hace la experiencia con los obstáculos que nos hemos encontrado cuando una persona viene a decirnos que quiere adelgazar, por qué tiene tanta dificultad para hacerlo, y bueno, cuáles son los obstáculos psíquicos, de alguna manera. Mi formación es continua, yo sigo en formación en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero, sigo yendo a congresos de medicina, creo que la formación de un profesional de la medicina no puede acabar con la carrera, hay que seguir formándose. Cualquier profesional bueno tiene que seguir formándose.
    Uno tiende a pensar —comento— que cuando se acude a terapia, o a psicoanálisis, o a algo parecido, es porque se tiene un problema, que hay que esperar a tener un problema para hacerlo.
    Eso es lo que comentábamos antes. No es necesario estar enfermo para psicoanalizarse. Por eso, nosotros, ahora estamos trabajando mucho (por relacionarlo con la creatividad,) con actores, nos vienen muchísimos actores, primero porque hay cierta escuela que los traumatiza un poco, y luego porque hay muchos que quieren trabajar ciertas inhibiciones, dificultades que tienen a la hora de desarrollar los personajes: timidez, vergüenza, etc., etc. Cantantes también hay muchos, miedo escénico, nos consultan bastante por eso, pero no necesariamente llegar a no poder cantar, como ha habido algunos casos reciente de abandono de la carrera discográfica por el problema de la fobia al escenario o del temor, el miedo escénico. Sin llegar a eso, hay mucha gente que tiene cierto grado de angustia, o que simplemente quiere llegar a sentirse más cómodo. Y para levantar inhibiciones, porque a ver, Freud decía, y es una frase que me parece súper bonita, que en todo hombre hay un poeta, en toda mujer, en todo ser humano. Y entonces hay que dejarlo salir, y lo tenemos ahí bajo llave, por eso el psicoanálisis ayuda mucho a esto, a levantar las inhibiciones que no nos dejan desarrollar la creatividad, la creación.
   
    Le pido que amplíe en relación con enfermedades patológicas.
   
    No hay una sola enfermedad del ser humano en la que no haya una participación de su psiquismo. Desde el cáncer, el SIDA, enfermedades del colágeno, lupus, trastornos funcionales, que son muy frecuentes, por ejemplo el colon irritable… en todas las enfermedades que afectan al cuerpo hay participación del psiquismo, y desde luego las enfermedades propiamente mentales, las neurosis obsesivas, los trastornos de angustia, la histeria… El psicoanálisis es un instrumento muy eficaz como terapia, pero no sólo eso, es mucho más. Como te decía, todo el surrealismo es bastante difícil pensarlo sin el psicoanálisis, la pintura de Dalí es una pintura francamente onírica, y Magritte, aunque rechazaba un poco el psicoanálisis… pero bueno. También el psicoanálisis nos vienen a decir que cualquier palabra se puede combinar con cualquier palabra. Es la libertad de la escritura, que no tienes que estar dentro de unos cánones, ni decir las cosas como el orden establecido dice, sino que puedes tener la libertad de combinar cualquier palabra con cualquier palabra.




    —¿Cuáles son tus planes inmediatos de futuro?
    —Pues tenemos muchas cosas. Me nombraron presidenta de la Sociedad Española de Medicina Integrativa, la SESMI, hace poquito, un año y algo, y bueno, pues estamos intentando establecer relaciones con otras sociedades de medicina integrativa a nivel internacional, ya hemos comenzado con la sociedad europea; vamos a firmar un acuerdo con la Fundación MOA, que es la encargada de la medicina integrativa en Japón, y que está intentando implementar la medicina integrativa dentro de sistema de salud japonés, como si dijéramos dentro de la seguridad social. Nosotros querríamos hacer algo parecido en España, que se pudiera tener acceso a esta medicina que es privada y por lo tanto es muy cara, pero es una medicina mucho menos dañina, mucho menos iatrogénica, porque las sustancias que nosotros utilizamos no tienen prácticamente efectos secundarios, no utilizamos fármacos clásicos, utilizamos en todo medicina ortomolecular, minerales, vitaminas, aminoácidos, nutrientes, es decir, la idea hipocrática de ayudar al cuerpo a recuperarse por sí solo, a volver a la physis, volver a su naturaleza. Por eso, aportamos los nutrientes necesarios y luego incluimos el psicoanálisis, que es fundamental: somos un todo, somos cuerpo y mente, y enfermamos todo a la vez, no enfermamos una parte por un lado y otra por el otro, cuando sufre el cuerpo la mente se ve afectada, y viceversa, de modo que son inseparables, o sea que hay que atender a ambas cuestiones.

    Le pido que me hable un poco del Grupo Cero.

    Grupo Cero es una escuela de psicoanálisis, pero es también más que eso. Grupo Cero es un movimiento científico-cultural, de hecho, en el año, si no me equivoco, 2013, nominaron a Miguel Óscar Menassa, que es el director de la escuela (mi padre, por cierto) para el Premio Nobel de Literatura. Esto lo presentó la AIWA, una asociación internacional de escritores que está en Ohio, en Estados Unidos. Ellos son conocedores de la obra de mi padre y le presentaron al Premio Nobel de Literatura; Teresinka Pereira, la persona que le presenta, presidenta de la asociación, es una poeta bastante reconocida mundialmente. Ella nos presenta diciendo: “Uno de los movimientos científico-culturales más importantes del siglo XXI”. Yo eso no lo sé, no me atrevería a decirlo, pero sí es verdad que hay una verdadera preocupación por hacer cultura y por difundirla, en todas sus maneras, tanto la pintura, como la poesía, la cerámica, el flamenco, la música, eso es Grupo Cero, fundamentalmente. Y el psicoanálisis está incluido ahí, en toda una parte que es el departamento de clínica del que yo soy directora junto con otra compañera, la doctora Pilar Rojas, más dedicado al campo de la salud, específicamente. Pero creación y salud están íntimamente relacionadas en el Grupo Cero.
   
    Llegados a este punto, le pido que me hable también de su padre.
   
    Mi padre, ¡je! —ríe cariñosamente—. Mi padre es una de las personas más generosas que yo he conocido nunca, es de las pocas personas que no sólo hace las cosas sino que dice cómo las hace, las muestra, es de los pocos pintores que tienen en Internet cómo él hace los cuadros; hay muy pocos pintores que hagan eso, parece una tontería, pero no lo es. Él, eso, lo hace con todo: si hace cine, escribe sobre cómo hace cine, si hace psicoanálisis escribe sobre cómo hace psicoanálisis, es decir, siempre ha sido muy generoso con el conocimiento, y es de las pocas personas que yo he visto (esto que decíamos antes de la envidia) que tiene tan analizada su envidia que deja crecer todo lo que se acerca a él. Es decir, normalmente los maestros es difícil que tengan un número ingente de alumnos brillantes alrededor suyo, aunque evidentemente ha habido muchos maestros que lo han permitido, pero no es fácil, y no es lo más común. Yo creo, que un maestro, y Menassa es un maestro (en muchas cosas además, en muchos campos, el psicoanálisis, la poesía, la pintura…) es un maestro que deja crecer a sus discípulos, lo cual es muy de agradecer.




    Para finalizar nuestra entrevista, le sugiero a Alejandra que añada lo que le parezca oportuno añadir.

    Creo que no hemos dicho que la creación es un trabajo. Y me parece muy importante decirlo; ya lo decía Picasso, en frase famosa: “Que la inspiración te pille trabajando”. La creatividad no es una cosa de musas, es una cosa de trabajo, trabajo sobre uno mismo, trabajo de lectura… Me parece una aberración llamarse poeta cuando no se ha leído a los grandes poetas, sinceramente, no estoy juzgando a nadie, pero me parece… De hecho, yo no me atrevería a llamarme poeta, soy una persona que escribe, y que lee mucho, soy una gran lectora, eso sí que lo puedo decir… si somos poetas o no, lo dirá la historia. Pero creo que es un trabajo, un trabajo de lectura, primero, y después de escritura, por ejemplo la poesía.
    O sea, que requiere un esfuerzo.

    Sí, requiere un trabajo, requiere horas, requiere lectura, no sucede desde la nada, uno no crea desde la nada.


Fin de la versión resumida de la entrevista
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